The Dark Knight Rises

Escrito por Editor
martes, 14-08-2012 14:09:48

Espada y Brujeria - Reseña Batman The Dark Knight RisesThe Dark Knight Rises

Dirección: Christopher Nolan
Guion: Christopher y Jonathan Nolan y David S. Goyer.
Música: Hans Zimmer
Actores: Christian Bale, Tom Hardy, Anne Hathaway, Joseph Gordon-Levitt, Gary Oldman, Marion Cotillard, Michael Cane, Morgan Freeman.

The Dark Knight Rises, la última entrega del Batman “marca Nolan”, frente al Batman “marca Burton”, que tan desastrosos resultados dio (según algunos en las últimas entregas, pero probablemente desastroso desde la primera), no defrauda ni sorprende. Pero esta aseveración no resulta de ningún modo despectiva, ya que no defrauda ni tampoco sorprende porque mantiene el excelente nivel de calidad de las dos entregas anteriores, sin superar a la anterior, The Dark Knight, probablemente la mejor de todas. Así pues, nos las vemos con una señora película, ambiciosa no sólo en cuanto al personaje y su universo, sino al propio objetivo de crear una película “clásica” de este personaje tan clásico. Esta vocación ambiciosa también estuvo en las dos anteriores de Nolan. Este director no se ha limitado a cumplir con la entrega de turno, sino que en cada una ha intentado darlo todo. El resultado siempre roza la excelencia y a veces se zambulle hasta el fondo en ella. Y por eso esta vez, en ese sentido, ni defrauda, ni sorprende.

Para empezar nos hallamos con una película muy sólida en cuanto a la dramatización de los personajes y caracteres. Tanto, que cabe preguntarse si la película está realmente protagonizada por Batman o por Bane. Realmente el malvado tiene un peso dramático mucho mayor que el Hombre Murciélago en cada escena que aparece. Eso también ocurrió en la anterior entrega (aunque Bane, por mucho que se esfuerce, no puede superar al Heather Ledge/Joker, el mejor de todos, superando por supuesto a Nicholson, por muchos que algunos consideren tal cosa como una herejía), y en menor medida en la primera de Nolan, con un Ras Al Ghul que no acababa de cuajar. Esto es fácil de conseguir en el universo de Batman, pues todos los malvados son enfermos mentales, lo que los hace doblemente atractivos. Como bien puso de manifiesto Alan Moore en La Broma Asesina, lo curioso es que a veces que Batman, el contraste lógico y racional ante sus enemigos, quizá sea el que esté más loco de todos. The Dark Knight Rises, como las dos anteriores, muestra un esfuerzo tremendo en la caracterización de los personajes, tanto principales como secundarios, e incluso más en los secundarios. Bruce Wayne nos parece anodino frente, por ejemplo, a ese heroico policía huérfano que trata de conservar el orden en un Gotham vencido por la anarquía. Y como se dijo antes, Batman queda eclipsado por el brutal y a la vez irónico Bane. Por supuesto, Alfred deja de ser secundario con vocación de terciario o cuaternario, y se convierte en principalísimo en cada escena donde aparece, simplemente parece salirse fuera de la pantalla gracias a una interpretación prodigiosa de Michael Caine. Gary Oldman vuelve a brillar con fuerza como Gordon, bordando por completo el papel. Catwoman (La Gata en esta entrega) debería ser un magnífico personaje si no fuera por la excesiva actuación de Anne Hathaway, que de tan sensual y fatal que pretende ser, resulta forzada. La otra protagonista femenina, Marion Cotillard, no aporta nada salvo un cuerpo bonito y cierta languidez también forzadísima, aunque el personaje tenga sorpresita final. En cuanto a Morgan Freeman, no nos sorprende, se limita a interpretar el mismo papel de casi siempre, es decir, el de Morgan Freeman, un vejete sabio e irónico que ya aburre por lo repetitivo. Y es una lástima, porque cuando este actor se lo propone y/o se lo exigen, es versátil, un todo terreno interpretativo que alcanza la brillantez en cualquier registro; pero parece que se conforma con hacer siempre lo mismo, y poco más. Christian Bale también se limita a hacer el papel de Christian Bale, quizás porque tampoco se le exige más (ya que es un gran actor), y Bruce Wayne sólo es interesante al principio, cuando está tullido y amargado. El resto de la película parece más bien un secundario que un principal. Como se ha dicho, el “peso pesado” dramático de la película es Bane. Y esto resulta extraño, porque sería muy fácil convertir a Bane en otro culturista hipertrofiado con máscara. Pero hay un trabajo interpretativo muy fuerte sobre todo en las miradas (otra cosa no puede ser porque el pobre está tapado), y quizás en la voz (sólo perceptible esto para quienes vean la versión original de la película, no doblada). Y sin embargo, tanto por los diálogos magníficos de Bane como por su historia personal tan interesante, el auténtico protagonista parece él, de igual modo que el auténtico protagonista de la anterior entrega fue el Joker, no Batman.

Este trabajo fuerte de dramatización y preparación de personajes requiere un metraje largo que no tema los momentos de serenidad, que son muchos. De ahí que la película dure más de tres horas. Algunos la tachan de lenta y hasta pesada, pero no lo es, porque aunque no hay tanta acción como se esperaría en una película de Batman, la película en sí rezuma dureza y carga épica, incluso cuando no hay acción. Esto se ve en los diálogos, la atmósfera que se va enrareciendo más y más, la tensión, los propios personajes… Además, ¿qué necesidad hay de acción sin límites? Precisamente el exceso de acción destruye la épica. Se confunde lo épico con el espectáculo visual, que no es lo mismo. Los malos directores de películas de superhéroes lo cargan todo en el espectáculo y por tanto destruyen la épica, convirtiendo la película en un videojuego que al final aburre. Hay que dosificar la acción con cuentagotas, sólo entonces las películas tienen un poso dramático.

En el caso que nos ocupa la norma se repite: las persecuciones con el Batmóvil, Batmoto y Batnave espacial o lo que demonios sea que maneje Batman en sus correrías aéreas por Gotham, es precisamente lo menos interesante de la película: un espectáculo visual entretenido que podemos encontrar fácilmente en cualquier entrega de la saga Transformers o G.I. Joe. Sin embargo, los dos grandes enfrentamientos de Batman y Bane sí son interesantes, pues se resumen en largas peleas a puñetazo limpio, sin apenas coreografía de artes marciales discotequeras a lo Jackie Chan, más bien parece una pelea de marineros, y además Nolan elimina la banda sonora, lo cual ofrece realismo. Sobre todo es absolutamente impresionante el primer encuentro entre Bane y Batman, un encuentro que se va preparando poco a poco, creando tensión a lo largo del metraje, para alcanzar la catarsis violenta y siniestra en esa primera y estremecedora pelea.

También hay una épica profunda norteamericana, que trata de crear un estado emotivo en el espectador norteamericano, crear una atmósfera parecida a la de los ataques terroristas del 11S. No es casual que un terrorista que quiere destruir la civilización, como Bane, la emprenda a bombazos con el poder financiero y las estructuras sociales y de orden público de toda una ciudad, hasta sumir a sus ciudadanos en el pavor. Todo esto hace recordar, consciente o inconscientemente, a la tragedia de las Torres Gemelas, es decir, el impacto de un ataque violentísimo y demoledor sobre la población civil allá donde se sentían más seguros, en el centro de su hogar. Bane, como Bin Laden, destruye por completo la ilusión de invencibilidad y seguridad del pueblo norteamericano y les sume en el dolor y el miedo. Y la épica está precisamente en que las autoridades (sobre todo la policía) y también parte del pueblo llano, se sobreponen y se convierten en personajes individualmente heroicos frente a la amenaza terrorista. Este paralelismo es evidente en la película, acentuado en las visiones de los bombazos sobre la propia ciudad, mediante vistazos aéreos muy efectivos para hacer comprender al espectador la magnitud de la catástrofe, y sobre todo en la escena del partido de fútbol americano, con el himno nacional como prólogo de la hecatombe terrorista. Tal emotividad épica sin duda es inmediata en el público norteamericano, pero en el europeo no lo es tanto, por razones evidentes y no tan evidentes, así que puede resultar un poco cargante. Sin embargo, Nolan no llega a los excesos patriótico-festivos de otros directores, sabe cuáles son los límites y no los rebasa, por lo cual la película no es de mal gusto en este sentido. Sabe cómo crear emociones y en eso está la invencibilidad del cine americano respecto al europeo: el primero busca crear emociones mientras que el segundo se centra en la idea y por ende la ideología, y como los seres humanos nos conducimos antes por la emoción que por la razón, ahí está la clave de su éxito, y no sus mayores medios económicos.

En cuanto a la calidad como director de Nolan, después de su currículo quedan pocas dudas. No sólo es un gran director de películas de acción e intriga, sino que le da mucha importancia, como se dijo, a la dramatización de los personajes, y sabe combinar los ritmos rápidos y lentos. Además, hay un celo casi maniático por el guion, cuyas tramas siempre son complicadas y no lineales, con subtramas y giros que buscan crear sorpresas en el espectador. Por otro lado, se agradece que el tono sea no sólo dramático, sino trágico, sin de chistes y gracietas, incluso veladas. Nolan ha devuelto a Batman el carácter oscuro y trágico, y no sólo eso, sino que ha vuelto trágico y oscuro todo el universo que le rodea. No hay concesión alguna a la amabilidad para con el espectador. Esperemos que en sucesivas entregas no estropeen esta atmósfera tan bien cuidada.

No pueden ser todo parabienes. Como defectos, ya se ha comentado lo poco interesante que resulta el propio Batman, y no digamos ya Bruce Wayne, dentro de la historia. Los dos pasan a ser secundarios y los secundarios se les suben a la chepa, se encaraman al pódium de principales. ¿Se podría haber hecho de otro modo? Tal vez no, pues Batman ya no es un personaje estéticamente serio, sino ridículo, cosa que se explicará a continuación:

Lo más grave es que Batman se ha convertido en un muñecajo con una armadura de plástico (por mucho que nos la pinten como de acero, parece de plástico malucho), un Airgamboy lleno de gadgets que ya no se mueve con cables y caminando sobre los tejados, sino que pilota supercoches, superaviones y supermotos. Todo esto le quita seriedad estética al que se supone que es un gladiador nocturno, no un Tony Stark de la DC. En efecto, Batman es el Iron Man de Gotham. Sólo le falta volar. Ya no es un patrullero y hombre de acción curtido en mil peleas a puñetazo limpio, ya no nos podemos tomar en serio a Batman, que en sus mejores momentos del cómic es un tipo muy bien entrenado y con algunos utensilios, pero enfundado en un pijama, no en una armadura de manga japonés (cómo se echa de menos al Batman de Neal Adams o al de Alan Davis, frente a este Clic de Famóbil pintado de negro). La Madre del Cordero de este Batman-Muñequito frente al Batman-Guerrero fue Tim Burton (¿cómo no?), con la armadura estúpida que le puso, amén de los supercoches, supermotos y supernaves. Nolan por desgracia ha continuado por la misma senda, luego también es su culpa que Batman ya no sea ese ser de la tiniebla que llena de miedo al criminal, no un luchador invencible gracias a un sobrehumano adiestramiento físico, sino un matachín acorazado más. ¿Algún día volverá el Batman al que le pegan un tiro en la espalda y no rebota la bala? Es dudoso, pues el camino está ya marcado y nadie se saldrá de él. Por eso es difícil que Batman tenga mucho protagonismo en sus películas, porque visualmente es deshonesto y hasta un poco cómico en esa armadura de abdominales cincelados en PVC. La fuerza estará en los secundarios y los villanos, que visual y estéticamente siguen siendo poderosos y honrados.

A pesar de este gran escollo, y por todo lo señalado anteriormente, la película es una buena película y pone el broche de lujo final a esta gran trilogía de Christopher Nolan. Sería fácil especular sobre el futuro del Hombre Murciélago, pero para no dar patinazos, mejor preocuparnos por el presente y disfrutar con el buen regusto que deja esta entrega del Hombre Murciélago.

Andrés Díaz

Comments are closed.