Santuario de buitres y otras historias del Viejo Oeste – Reseña

Escrito por Editor
Lunes, 05-09-2011 13:32:30

Santuario buitresAutor: Robert Ervin Howard
Editorial: La Biblioteca del Laberinto
Fecha de edición: Septiembre 2010

Asociamos a Robert Ervin Howard con el género (o subgénero dentro del Fantástico) de Espada y Brujería, dentro del cual popularizó a héroes bárbaros y enérgicos que luchaban con indómito coraje contra otros guerreros o contra siniestros brujos, mientras sus manos y espadas forjaban reinos y sus pies pisoteaban imperios. De las páginas de la revista pulp Weird Tales nacieron sus héroes más famosos de Espada y Brujería: Kull de Atlantis y sobre todo Conan de Cimmeria, personaje elevado a los altares de la cultura popular, arquetipo que ha superado gracias a los comics y al cine el recipiente en el que Howard le dio forma. Los seguidores de la obra howardiana conocían también otros de sus héroes que manejaban aceros: Cormac Mac Art, Bran Mak Morn, El Borak, Solomon Kane…

Sin embargo la obra de este autor no sólo marchó por “la senda de la espada”. También algunos héroes de Howard usaban pistolas, sombreros Stetson, eran cow-boys, outlaws o sheriffs, y por supuesto tenían malas pulgas y el dedo inquieto cuando lo acercaban al gatillo. Algunos de estos héroes, los del Far West un tanto idealizado del s. XIX norteamericano, aparecen en el libro a que se dedica esta reseña.

Dentro de la amplia gama de pulps había un nutrido grupo de revistas dedicadas al Salvaje Oeste, con un público ávido de esa épica histórica del pueblo norteamericano. Howard conocía bien el terreno por ser habitante del estado de Tejas y, probablemente, haber escuchado de sus viejos paisanos cómo era el auténtico Oeste Salvaje. Por tanto no le hizo ascos a este tipo de escritos y se lanzó a crear historias del Oeste y a mandarlas a los pulps.

Creó dos tipos de relato del Oeste: uno más humorístico y otro, digamos, adulto y serio. Del primero en España aún no sabemos nada, pero del segundo tenemos Santuario de Buitres, esta magnífica selección publicada por La Biblioteca del Laberinto, en su tenaz edición del material inédito howardiano.

Los relatos del libro tienen distinta extensión y son dispares además en su argumento. Así, por ejemplo, un jovencísimo Howard escribe Navidad, dorada esperanza, muy cortito, una fábula navideña con final feliz y un poco irreal, muy alejado del tono sombrío y duro de sus mejores escritos. Pero tampoco se trata de una ñoñería insulsa y el “buenismo” navideño es, con todo, soportable. Por supuesto, queda a años luz de los mejores relatos del autor.

El segundo, Ajuste de Cuentas en Boot Hill, es la historia de una promesa que ha de cumplirse: Buck Laramie en su juventud atracó junto a sus hermanos el banco de Boot Hill, más bien obligado por lazos familiares que por auténtica vocación de bandido, y entonces juró devolver a los ciudadanos de Boot Hill lo robado, para así limpiar en lo posible su apellido manchado. Pero Buck encontrará en Boot Hill una diabólica conspiración de la que se nutren otros forajidos instalados en las cercanías del pueblo,  quienes han tomado prestado el nombre de los Laramie a la hora de cometer sus fechorías. Buck tendrá doble trabajo: desenmascarar a los malvados e impedir que la gente del pueblo lo acribille a tiros.

El tercer relato, Santuario de buitres, está protagonizado por Steven Corcoran un auténtico “Conan” del Viejo Oeste, un tipo rudo que ha vivido intensamente en los lugares más peligrosos. Este guerrero de las llanuras se adhiere a su propio “código de honor tejano”, que le hace ser inmisericorde con los enemigos y al tiempo defensor a ultranza de las mujeres; desconfía de la civilización, es un lobo solitario y entre sus enemigos parece un “lobo rodeado de hienas”. Como se ve, ya se pergeñaba aquí ese arquetipo howardiano, tan acabado en Conan de Cimmeria. Incluso el apellido, “Corcoran”, se presta a la comparación. Corcoran debe imponer la ley a puñetazo y tiro limpio en un pueblo minero donde actúa la misteriosa banda de los “Buitres”, cuyos líderes son desconocidos mas parecen ocupar altos cargos en la ciudad. Lo original es que Corcoran no le hace ascos a la ilegalidad y juega a dos bandas, tanto a favor de la estrella del sheriff, como de los Buitres. De nuevo tenemos ese desprecio por las leyes civilizadas y la independencia a ultranza del individuo, que elige para sí el camino que le viene en gana, atendiendo sólo a su propia moral privada, no a la pública. Este cuento es el más largo y cuenta con un gran atractivo, el de ofrecer dos finales, uno trágico y otro feliz. Por supuesto el trágico es el mejor escrito, y de lejos.

Hay similitudes interesantes entre los tres escritos, incluso tomando Navidad, dorada esperanza, el más inocente y juvenil. Todos están protagonizados por tipos que han estado fuera de la ley, que han roto las normas sociales (asesinando, atracando bancos, robando, etc.). Aún así, son tan astutos que se mantienen dentro de la sociedad, escondiendo sus crímenes. Y lo más curioso es que los tres se redimen mediante alguna buena acción que de un modo u otro limpie su expediente; algunos lo hacen de manera más clara y otros más difusa, pero sí malhechores, no son malvados y el bien se impone en ellos. No de manera esplendorosa al estilo Edgar Rice Burroughs, sino nebulosa, confusa y volcánica, al estilo Howard. El “bárbaro” del Viejo Oeste puede abominar de la sociedad hipócrita, pero al final se plega ante ella y la defiende de las auténticas amenazas que intentan destruirla por completo (los que asesinan inocentes, roban a los pobres, violan, etc.). Como siempre en Howard, hay un fondo justiciero en sus personajes, que por supuesto llevan a cabo no la justicia de las leyes, sino la justicia “natural”.

También es interesante anotar que no aparecen indios. Los blancos son los buenos y malos de la película, y los ambientes no son los bélicos del Séptimo de Caballería, ni siquiera aparecen esas anchas planicies de John Ford, sino las ciudades, los pueblos, sus complejas relaciones sociales, políticas y económicas.

En dos relatos, Ajuste de cuentas en Boot Hill y Santuario de buitres, el argumento y su desarrollo, sorprendentemente, son más propios del relato detectivesco que el de cowboys. Hay intrigas, misterios, líderes en la sombra y una trama enrevesada (a veces forzada) que demuestran que Howard se tomaba su trabajo en el comienzo, nudo y desenlace de una historia.

Se mantiene por supuesto el aire violento, duro, implacable y salvaje y que le caracteriza. Sin embargo el estilo es más plano que el de sus mejores obras, es menos literario, menos hiperbólico y apasionado. La excepción es el primer final (el trágico) de Santuario de buitres, ciertamente bueno.

En definitiva, se trata de un libro entretenido que descubre una nueva cara del creador de Conan, autor con más facetas de las que imaginábamos. Sus seguidores damos las gracias a La Biblioteca del Laberinto y deseamos (y sabemos) que continuarán por estos derroteros.

Relatos: Navidad, dorada esperanza
Ajuste de cuentas en Boot Hill
Santuario de buitres

Andrés Díaz

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