Conspiración en Bizancio, de Hilario Gómez: reseña por Andrés Díaz
Escrito por EditorMartes, 21-06-2011 11:29:11
Conspiración en Bizancio
Autor: Hilario Gómez
2007, Equipo Sirius, Colección Transversal
Bizancio, o Constantinopla desde los tiempos del emperador Constantino, es uno de los ámbitos más fascinantes y sin embargo desconocidos de la Historia de Occidente. Y digo “de Occidente” porque Constantinopla tuvo un papel destacado en la génesis y desarrollo de muchos pueblos y naciones de la Europa del Oeste, tanto en el norte como en el sur. Incluso en Hispania Constantinopla tuvo colonias y gran poder, así como en Italia, Grecia, los Balcanes y el Centro del viejo continente. Cuando la ciudad de Roma estaba en franca decadencia Constantinopla brillaba luminosa y se constituyó en heredera y garante del gran Imperio Romano, de su cultura ya cristianizada, dotándola de un tono en cierto modo oriental. También Constantinopla ha tenido una importancia capital para los europeos en el sentido de que contuvo durante largo tiempo las embestidas del imperio más agresivo y poderoso de los primeros siglos después de Cristo: el Imperio Turco. La resistencia bizantina ante la Media Luna adquirió tintes heroicos, con batallas y asedios que harían enrojecer de envidia a las gestas de Carlomagno o incluso de nuestra añeja Reconquista. Constantinopla sufrió además los ataques de los pueblos bárbaros europeos y sufrió la “ayuda” de los caballeros francos durante las Cruzadas. De no haber existido el muro de contención que era Constantinopla, tal vez la historia de Europa no sería la misma y hoy la Media Luna imperaría mucho más al oeste de Turquía. Las crónicas occidentales -las que al fin y al cabo nos han quedado- están teñidas de prejuicios contra Contantinopla y su imperio, entre otras cosas por la pugna entre el Papado y la Iglesia Ortodoxa o las luchas de los reinos germánicos contra los constantinopolitanos. Así, Constantinopla fue muriendo desangrada en su lucha contra el Imperio Turco y las naciones cristianas apenas la ayudaron antes de su caída final, a mediados del siglo XV.
En la novela de Hilario Gómez, novela histórica y no fantástica, el periodo elegido es uno de esplendor y gloria de Constantinopla: el año 959 d.C. Entonces el imperio aún era fuerte y podía no sólo resistir, sino devolver los golpes contra sus enemigos bárbaros de Europa y contra los musulmanes, desunidos tras la fragmentación del Califato de Bagdad. Hilario Gómez nos describe de modo exhaustivo una Constantinopla luminosa y sabedora de su fuerza, incapaz de concebir que algún día pueda caer ante ningún invasor. Sus ejércitos cosechan victorias por tierra y mar y sus ciudadanos llevan una vida razonablemente próspera y tranquila para la época.
Entre esos parámetros, el argumento y la trama toman la senda no de una novela épica de grandes batallas y devenir de emperadores, familiares y altos burócratas, como suele ocurrir en la novela histórica, sino de una novela de misterio e intriga; incluso se la puede calificar de “policíaca” porque todo empieza con el asesinato de un copista. La investigación policial lleva a palabras mayores, con una intriga de veras “bizantina” en la que intervienen personas poderosas y que puede comprometer la seguridad y estrategia de todo el imperio. Así pues, toma aires también de política ficción. La trama detectivesca es correcta y eficaz sin pasar de estos límites, ya que le falta un giro final sorprendente que deleite al lector de novelas de misterio. También tiene su componente de aventuras y viajes, aunque lo épico parece escrito con minúsculas y no hay grandes batallas ni hechos de armas portentosos. La gran fuerza de la novela está en la exhaustiva y perfecta documentación, un placer para los amantes de las novelas de época. El lector es transportado a las calles de Constantinopla, sus instituciones, los parajes que la rodean, todo ello con un grado de verosimilitud muy notable. Por otro lado, hay cierto afán “educador” al contarnos hechos políticos sobre Constantinopla, para encajar la pequeña historia de la novela en la gran Historia. La psicología de los personajes está lograda, con alguna concesión a la corrección política, pero que al final pasa desapercibida y no empaña el resultado general. El estilo es elegante y lo bastante rápido como para no aburrir. Sólo es ralentizado por esas lecciones de Historia que de vez en cuando el autor imparte, que pueden gustar a unos y a otros no tanto.
En definitiva, se trata de una novela histórica bien escrita, con un notable alto en la documentación y por tanto muy sólida y verosímil.
Andrés Díaz











