Asociación

Los muertos vivientes, de Robert Kirkman y Tony Moore

Escrito por Editor
lunes, 04-06-2007 23:00:00

Espada y Brujeria muertosvivientes

Guión: Robert Kirkman
Dibujo: Tony Moore
Editorial (colección): Planeta de Agostini (World Comics)
Año: 2005
Título original: Walking Dead Vol. 1: Days Gone Bye
N.º de páginas: 144 b/n
Formato (cm): 17×26
Encuadernación: Rústica

Los Zombis siempre han tenido algo especial de toda la fauna de seres no-muertos o del género de terror. No tienen nada que ver con los sensuales y poderosos vampiros, los siempre sonrientes esqueletos o las exóticas momias.

Los Zombis son a los cementerios lo que el tonto al pueblo, nadie les hace caso. Al menos hasta que ya es demasiado tarde.

Y es que uno siempre piensa que estos seres son estúpidos, pero esa es una de sus ventajas. Subestimarlos.

De todos es conocida su lentitud, y aquí es donde se vuelven a aprovechar de nosotros. Ya que por supuesto, en caso necesario, podremos escapar corriendo de uno, de dos, hasta de cinco. Pero ¿Y si estuvieses rodeado de 300? ¿Y de 500? Ahí es cuando piensas “Mierda, la cagué”.

Lo mejor de las películas de zombis es que sin darte cuenta empiezas a sentir la claustrofobia/agorafobia, el pánico, la angustia del protagonista y la agonía por la supervivencia.

Lentamente.

Muy lentamente.

Sólo recuerdo un libro con el que sentí esa sensación: “Soy leyenda” (1), hasta que éste cómic cayó en mis manos.

“Los Muertos Vivientes: Días Pasados” recoge, editado aquí por Planeta, los primeros 6 números de la serie original de Image Comics “The Walking Dead”.

Nada más abrirlo nos encontramos con una sincera introducción (con la que más de uno estará de acuerdo) por parte de Robert Kirkman, guionista de la obra.

Robert Kirkman se declara amante de los zombis y eso se nota en el cómic. En él nos cuenta la historia de Rick Grimes, un policía de pueblo que tras ser herido en servicio se despierta del coma solo en un hospital… Bueno, no está realmente solo. Ya me entendéis.

A partir de aquí Kirkman nos conduce en un alucinante viaje repleto de miedos, angustias, sorpresas y todo tipo de emociones que puede ser capaz de sentir un ser humano.

Para mi Kirkman consigue el objetivo que se propone en la introducción, no solamente asustar sino indagar en el interior de las personas y sacar todos sus sentimientos. Ésta historia no acaba cuando se hace de día, como en las películas. Acompañaremos a Rick en su lucha por la supervivencia, en sus relaciones con los compañeros de viaje y en sus dudas sobre qué causó la plaga contra la que luchan.

En el apartado gráfico, Tony Moore hace un trabajo más que notable. Dibujos en blanco y negro en los que Bill Crabtree añade más grises. La primera vez que aparece un zombi “vivo” en el cómic impresiona, asquea, y todas las sensaciones que un zombi debe producir. Todo eso se multiplica exponencialmente cuantos más zombis salgan en la viñeta. Creo, sinceramente, que éste tipo ha nacido para dibujar aglomeraciones de zombis.

Un muy buen cómic para los amantes del género de terror y de los zombis en particular, con unos buenos y detallados dibujos y una historia atrayente y agónica que hace imposible cerrar el cómic y obliga a seguir leyendo.

(1)”Soy leyenda”, de Richard Matheson. Título original “I am legend”, aunque éste libro trata de vampiros, no de zombis. Muy recomendable.

Sergio Sánchez

La AEEyB en Expomanga 2007

Escrito por Editor
viernes, 16-02-2007 09:26:52

Me es grato comunicaros que la Asociación Española de Espada y Brujería (AEEyB) participará en Expomanga 2007 en Madrid los días 2, 3 y 4 de marzo.

Nos podréis encontrar en un stand donde tendremos pegatinas, marcapáginas, folletos, libros, camisetas… de la AEEyB.

¡Nos vemos!

Cormac, Rey de los Mares, de Robert E. Howard

Escrito por Editor
miércoles, 14-02-2007 23:00:00

“—No me gustan especialmente los druidas, pero poseen la sabiduría de los elementos y las eras. Estos cristianos enseñan mansedumbre y a doblar la cerviz ante los golpes.

—¿Qué dices? —el gran vikingo estaba realmente sorprendido—. ¿Es realmente su credo el soportar golpes como esclavos?

—Sí. Devolver bien por mal y perdonar a sus ofensores.

El gigante meditó estas palabras durante un momento.

—Eso no es credo, sino cobardía.”

CORMAC, EL REY DE LOS MARES

La publicación de un nuevo libro de Robert E. Howard siempre es una buena noticia para el aficionado a lo fantástico, pues no en vano el genial autor tejano es el creador y máximo exponente del género que se ha dado a llamar Espada y Brujería. Así, al ver a la venta “Cormac, el rey de los mares”, me entusiasmé como siempre lo hago al ver una nueva obra del maestro traducida y publicada en la lengua de Cervantes.

Ya conocía los relatos que se incluyen en el libro, las cuatro historias que salieron de la pluma de Howard con Cormac Mac Art de protagonista. Cormac es un pirata irlandés que corre sus aventuras en el siglo V de nuestra era, en plena etapa artúrica y en las Islas Británicas. Los romanos se han marchado de las islas y bretones, sajones, gaélicos y normandos tratan de hacerse con pedazo de aquellas codiciadas y ensangrentadas tierras. Y en ese marco salvaje y aventurero, Cormac vieja como segundo de a bordo de un barco vikingo, con su capitán y compañero Wulfhere Rompecráneos a su lado. El personaje y lo que le rodea es netamente howardiano, y los cuatro relatos, aunque menores comparados con otras obras épicas de Howard como Conan, Kull o Bran Mak Morn, cumplen con las expectativas del lector. La aventura, la barbarie, las luchas encarnizadas, los enfrentamientos raciales, están presentes a lo largo de la obra, aunque a veces demasiado condimentados con partes de folletín romántico.

Hay que señalar que dos de los cuatro relatos están terminados por Richard L. Tierney, escritor norteamericano que firma también la introducción del libro, introducción que está plagada de errores en cuanto a la vida y obra de Robert E. Howard, cosa que dice poco en cuanto al nivel de Tierney, al menos como ensayista, pues el final de los dos relatos que escribe cumple con precisión. En resumen, y en cuanto a los relatos, no estamos ante una de las mejores obras de Howard, pero sí ante unas historias entretenidas y con grandes momentos totalmente recomendables.

Decía más arriba que la publicación de un libro de Howard siempre es una buena noticia, aunque si analizamos, más allá de los contenidos, este libro, me temo que en esta ocasión no lo es. Me explico. Ya he comentado que conocía estos relatos, y no me refería a su edición original en inglés, sino exactamente a lo que contiene este libro. Las traducciones que podemos “disfrutar” aquí ya llevan bastante tiempo (años) circulando por Internet, obra de aficionados que como tal es sumamente loable, pero que respecto a una traducción profesional dejan a veces bastante que desear, llegando en momentos a dificultar la comprensión de lo que se está leyendo. Y es que Ans Editor, la editorial que firma esta publicación, son los herederos directos de los tristemente célebres Pulp Ediciones, aquella editorial que hace pocos años tuvo que cerrar pues se descubrió que no solamente no pagaba derechos de autor, sino que usaba traducciones de ediciones anteriores (de otras editoriales, claro) sin pagar a los traductores, e incluso cambiando el nombre de éstos por otro ficticio. Y mucho me temo que en esta ocasión Ans Editor, siguiendo su acostumbrado comportamiento, ha copiado las traducciones que circulaban por Internet y, aunque en los créditos figuran los supuestos traductores (suponemos que los nombres se corresponden a la realidad), dudo mucho que les hayan localizado y pagado algo por usar sus traducciones, que por otra parte están copiadas tal cual, sin revisar, incluyendo incluso los mismos pies de página (y por supuesto los mismos errores).

Todo esto hace que la sensación que transmite el libro sea la de estar ante una obra “pirata”: ni la portada, ni la contraportada ni el lomo incluyen ningún tipo de logo o nombre de editorial alguna (sólo viene en los créditos), no se indica de quién es la portada, las traducciones son pobres y muchos ya las tenían de Internet… Y apuesto mi mano derecha a que Paradox International, la empresa que posee los derechos de la obra de Howard, ni conoce ni ha cobrado un euro por esta edición.

Por todo esto creo que la publicación de este libro no es una buena noticia. Porque acaba, al menos momentáneamente, con la posibilidad de que alguna editorial seria publique estas historias con buena traducción, buena edición, y pagando los derechos necesarios.

Y sí, yo he comprado el libro a pesar de todo.

Es que es de Howard, por Crom.

Francisco Calderón

Weird Tales (1923-1932)

Escrito por Editor
sábado, 03-02-2007 23:00:00

“—Aquel horror. Nunca pudo haber nacido en este planeta. Y los habitantes de la Tierra, aunque no lo sepan pueden dar gracias al Dios Todopoderoso por esto.

—¡Pero está aquí!”

Ya era hora, repito, ya era hora, de que algún editor se plantease recuperar parte de la fantástica producción de la revista Weird Tales, una publicación que durante el segundo cuarto del siglo XX marcó un verdadero hito dentro de la literatura fantástica norteamericana. Fueron muchos y excelentes los autores que pasaron por aquella revista, forjándose a veces nombres que trascendieron las publicaciones pulp para inscribirse con letras doradas en la literatura fantástica universal: H.P. Lovecraft, Robert E. Howard, Clark Ashton Smith, Seabury Quinn, Frank Belknap Long, E. Hoffman Price… Todos y cada uno de ellos verdaderos maestros de lo sobrenatural que ayudaron a convertir a Weird Tales en una revista de culto y un verdadero referente para cualquiera que se acercara con su pluma a las doradas e inhóspitas tierras de lo fantástico.

La selección para este volumen realizada por Francisco Arellano es más que correcta. En ella encontraremos obras de todos los autores arriba mencionados (y algunos más), verdaderas joyas en su mayoría inéditas en nuestro país que hacen que el libro sea devorado sin descanso, pues prácticamente todos sus relatos derrochan originalidad. Se les puede criticar a algunos que contienen ciertas explicaciones científicas o directamente científico-ficticias que han quedado bastante desfasadas y pecan de inocentes, aunque no más sin duda de lo que pecarán las explicaciones que da la actual ciencia-ficción para los lectores de dentro de 70 años. En cualquier caso, la magia de aquellas publicaciones cuyo objetivo era la diversión pura y dura sin más pretensiones, se encuentra perfectamente reflejada en este libro. Y ya que nos resulta imposible creer que alguien, algún día, se decida a publicar íntegramente todos los números de Weird Tales al español (una absoluta lástima que roza la tragedia, créanme), tendremos que contentarnos con estas pequeñas perlas, así como las que probablemente las seguirán, pues el editor anuncia una próxima selección de relatos de Weird Tales si ésta tiene un mínimo de éxito (¡bien!).

En cuanto a la edición en sí, se trata de un trabajo casi artesanal de Francisco Arellano, editor de solera, con todo lo bueno y lo malo que conlleva esto. Bueno porque se nota el cariño y el cuidado con que se ha hecho la edición, que incluye portadas originales de Weird Tales, alguna ilustración, y un pequeño artículo introductorio delante de cada relato/autor. Malo porque un trabajo tan personal a veces cuenta con pocas miradas críticas y revisiones de terceros antes de la publicación. Así, se cometen errores como decir “cuerdas bucales” (error no demasiado inhabitual) en vez de “cuerdas vocales”, pues estos errores dependen solamente del concepto equivocado de una persona, no de varias.

En resumen, una edición que, junto al resto de las obras que está sacando Biblioteca del Laberinto, rellena un hueco dejado en nuestro país: la recuperación de obras maestras de la literatura fantástica que nacieron dentro del pulp americano, en una edición que apunta bien, aunque aún ha de cuidar algunos detalles. Seguiremos de cerca esta iniciativa editorial que seguro nos dejará un excelente sabor de boca.

Relatos incluidos en el libro:

-Dagón, por H. P. Lovecraft

Relato menor del maestro del terror, aunque refleja muy bien esa sensación de indefensión de la humanidad ante fuerzas tan poderosas como alienígenas y aterradoras.

-El cerebro en el frasco, por Richard F. Searight y Norman Elwood Hammerstrom

Cuento de miedo que da poco miedo. Quizás original en su día, pero hoy bastante desfasado. Y la primera parte del relato bastante mal escrita (o traducida).

-El regalo del rajá, por E. Hoffmann Price

Precioso relato con multitud de lecturas. Bello y profundo, dotado de una sensibilidad filosófica bastante sorprendente. De lo mejor del libro.

-Despacho nocturno, por H. F. Arnold

Relato curiosamente estremecedor, a pesar de (o precisamente por) lo indefinido de la amenaza. Un ambiente muy conseguido que quizás estropea un final previsible.

-Bajo la tienda de Amundsen, por John Martin Leahy

Terror en el ártico, amenazas alienígenas indescriptibles y agobio claustrofóbico en espacios abiertos. Terror muy conseguido que hará las delicias de los seguidores del horror cósmico lovecraftiano.

-El octavo hombre verde, por G. G. Pendarves

Final previsible para una historia que, aparte de eso, está muy bien escrita: los personajes están correctamente definidos en pocas páginas, y el terror resulta extrañamente moderno (casi parece algo extraído de un relato de Stephen King).

-La hiena¸por Robert E. Howard

Relato inédito en nuestro país del gran maestro de la Espada y Brujería. Sin duda un relato menor dentro de su producción, pero aún así magnífico, bien desarrollado y dotado de la fuerza y el instintivo saber hacer propio de su autor.

-Colisión de soles, por Edmond Hamilton

Space Opera en estado puro. Las explicaciones científicas son de cachondeo a día de hoy, pero la aventura está servida y te lo pasas pipa leyéndolo. Por cierto, que cuando ves a los pilotos de la nave interestelar jurando por “La Fuerza” en mitad de un imperio galáctico regido por un senado y luchando en medio del espacio a base de cientos de naves con rayos de colores… pues eso, que seguro que George Lucas ha leído esta historia.

-La maldición de los Phipps, por Seabury Quinn

Estremecedor relato mezcla de historia de fantasmas y caso de detective a lo Sherlock Holmes. Intrigante y espeluznante a partes iguales, y contado con un enorme oficio.

-El horror de las colinas, por Frank Belknap Long

En este relato Belknap Long contó con una ayudita de Lovecraft, y se nota. Interesante historia, aunque no da mucho miedo y las explicaciones científicas quedan bastantes desfasadas.

-La venus de Azombeii, por Clark Ashton Smith

Preciosa historia de amor, celos, envidias y tragedias, que a pesar de todo se aleja del folletín y se rodea de una maléfica aura que impregna cada página. Una pequeña obra maestra.

Francisco Calderón

Conan de Cimmeria Vol. 1, de Robert E. Howard

Escrito por Editor
martes, 19-12-2006 23:00:00

Por fin, setenta años después de ser escritos, podemos disfrutar de una edición íntegra de los relatos originales de Howard que tienen por protagonista a Conan de Cimmeria.

Sobre los relatos:

Y es que la versión más conocida de dichos relatos ha sido sin duda la que prepararon, años después de la muerte del autor, L. Sprague de Camp y Lin Carter. Estos autores fueron los responsables de un ciclo de doce novelas que han sido consideradas la espina dorsal del Conan literario. Nada más erróneo. Cualquiera que haya podido leer los doce libros (y en España hemos tenido tres ediciones distintas, una de la Editorial Bruguera, en los años 70, otra de Planeta, en los 80, y una última de Martinez Roca, en los 90) del tirón, puede llevarse una idea equivocada del verdadero espíritu del Conan literario. Y es que De Camp y Carter no eran Howard.

No voy yo a tirar por tierra aquí el trabajo de estos dos autores, pero es que Howard era un genio, uno de esos escritores que aparecen de vez en cuando y que ellos solitos se inventan todo un género literario. De hecho, en el ámbito de la fantasía heróica, en el siglo veinte solamente la figura de Tolkien está a la altura de la obra del autor tejano.

Sprague de Camp y Lin Carter cogieron los relatos de Howard y los revisaron, introduciendo algunas leves modificaciones orientadas a dar mayor coherencia interna a la serie. Ordenaron los relatos del cimmerio según una cronología vital, es decir, según suceden los hechos en la vida del bárbaro, y no en el orden en que el autor los escribió. Y después rellenaron las supuestas lagunas que pudiera haber en esa cronología con nuevas narraciones, unas veces adaptaciones de relatos del propio Howard en los que cambiaban escenario y personajes para hacerlos narraciones de Conan, y donde introducían situaciones sobrenaturales para convertirlos en relatos de Espada y Brujería; y otras veces eran de nuevo cuño, salidos de la propia pluma de los autores, y cuyo nivel en muchos casos lamentablemente no estaba a la altura.

Cuando lees este libro, la sensación es muy diferente. Los relatos saltan en el tiempo como si el propio cimmerio nos los contase, según los va recordando, sin seguir ninguna ordenación lógica. La narración es puro Howard, sin modificaciones ni artificios, y Conan siempre es Conan, el bárbaro puro, salvaje y elemental, instintivo y primordial, sí, pero también inteligente, enfrentado a todo tipo de amenazas, naturales y sobrenaturales, con su fuerte brazo, su poderosa espada y su eterno coraje. Si queréis saber de verdad quién es Conan, aquí tenéis no su esencia destilada, sino simplemente su esencia verdadera.

Los relatos van del entretenimiento de calidad a la obra maestra: “El fénix en la espada”, “La hija del gigante helado”, “El dios del cuenco”, “La Torre del Elefante”, “La Ciudadela Escarlata”, “La Reina de la Costa Negra”, “El coloso negro”, “Sombras de hierro a la luz de la luna”, “Xuthal del crepúsculo”, “El estanque del negro”, “Villanos en la casa”, “El Valle de las Mujeres Perdidas” y “El diablo de hierro” fueron escritos todos (y por ese orden) entre 1932 y 1933. Y no solamente podemos encontrar varias obras maestras entre ellos (“La Torre del Elefante” es, probablemente, el mejor relato corto fantástico de la historia), sino que estamos nada menos que ante la creación de un nuevo género. Dos décadas antes de la Tierra Media de Tolkien, Howard ya nos presenta un mundo fantástico absolutamente detallado, con razas, países y culturas, inmerso en un marco histórico definido que abarca miles de años. Y mezclando épica, terror, aventura, magia, intriga… Howard nos regala un cóctel absolutamente nuevo: la Espada y Brujería, género del que se convierte en creador y máximo exponente.

Así que ahora, por fin, tenemos los primeros relatos de Conan en España por primera vez tal y como fueron concebidos por el autor. Es decir, que estamos ante la creación de un género y a la vez su obra maestra. Y además la edición, en cuanto a papel, tapas, presentación… es absolutamente insuperable: papel satinado, impresión de alta calidad, tapas duras de tela impresa, dentro de un precioso estuche para conservarlo in secula seculorum.

Mención especial merecen los dibujos de Mark Schultz que ilustran los relatos. Dibujos al más puro estilo pulp, que destilan clasicismo y saber hacer, con el barroquismo justo y una calidad impresionante. La caracterización de los personajes es muy creíble, incluso para los que, como yo, estén muy acostumbrados a la versión gráfica habitual de John Buscema, Barry Windsor-Smith o Fran Frazetta. En el blanco y negro, Schultz se nos revela como un maestro del claroscuro, dando una profundidad a sus dibujos que hace que parezcan bajorrelieves, y en las ilustraciones en color, nos deleita con su maestría y su dominio de tonos y matices. No puedo evitar pensar cómo quedarían esas ilustraciones a gran tamaño y enmarcadas en el salón de mi casa, junto a mis adorados prerrafaelistas.

Sobre la miscelánea:

Por si tener la edición original de estos relatos fuera poco, el libro incluye casi 130 páginas de lo que han denominado miscelánea, que no es otra cosa que un montón de extras imprescindibles para el aficionado hyborio: una primera versión pre-publicación de “El Fénix en la espada”, que incluye varios textos muy interesantes sobre Cimmeria y la melancolía que identifica a sus habitantes, eliminados en la versión definitiva; “Notas sobre diversos pueblos de la Edad Hiboria”, un interesante apunte del autor que analiza las características raciales y culturales de los aquilonios, los hombres de Gunderland y los cimmerios; el ensayo completo “La Edad Hiboria”, donde Howard nos describe el marco pseudo-histórico donde se sitúan todas las aventuras, remontándose hasta los tiempos del rey Kull y la Atlántida, ocho mil años antes de la Edad Hyboria, y mostrándonos también lo que sucederá siglos después de la caída de Hyboria, con la formación del mundo tal y como lo conocemos; un total de cinco sinopsis de relatos, que el autor escribía previamente a la narración, lo que nos da una imagen clara del proceso de creación de la obra; un borrador sin título, o más bien un relato incompleto de diez páginas, que junto a la sinopsis del relato les sirvió a Sprague de Camp y a Lin Carter para terminarlo y publicar “Un hocico en la oscuridad” (con lo que ahora podemos saber, en la versión terminada, lo que hay de Howard y lo que han escrito sus continuadores); y por último, varios esbozos de mapas y una lista de nombres de países, dioses y personas que realizó el propio Howard.

A continuación, en los apéndices, encontramos por primera vez en este libro algo que no ha salido directamente de la pluma de Howard: aparte de una explicación sobre cómo se ha conseguido establecer la fecha de creación de los relatos que se incluyen en el libro (y que resulta, cuando menos, curioso por lo exhaustivo), y un precioso portafolio de bocetos de Mark Schultz, se incluye un apasionante ensayo de Patrice Louinet, una de las mayores entendidas que existen de la obra del autor tejano, llamado “La génesis de Hiboria” donde la autora analiza el proceso de creación del cimmerio y su mundo, aportado muchos datos esclarecedores sobre las influencias que tuvo Howard a la hora de concebir su obra, así como un análisis psicológico del propio Howard a través de su más famosa creación, donde podemos llegar a una conclusión sorprendente: Conan no es tanto lo que a Howard le hubiera gustado ser, como lo que Howard en realidad era.

En definitiva, esta miscelánea enriquece el libro enormemente, y una vez leídos los relatos es un placer poder sumergirse en los diversos estudios que se añaden alrededor de ellos.

Sobre la traducción:

Un tremendo error para el que esto suscribe ha sido mantener en los relatos las traducciones originales de Beatriz Oberländer que se realizaron hace ya veinte años. No es que las traducciones fueran malas, que no lo son en absoluto, sino que se hicieron sobre los relatos revisados por De Camp y Carter, y esta vez tenemos ante nosotros los relatos originales de Howard. ¿Solución? Han repasado las traducciones, cambiando cosas allá donde se han visto necesarias para hacerlos coincidir con los relatos originales. Y el error (aparte de que una edición de este calibre merece una nueva traducción) es que estas revisiones tienen ciertos fallos.

En “La Ciudadela Escarlata”, observamos ciertas diferencias entre el original howardiano y la versión que se nos ofreció durante muchos años revisada por De Camp y Carter. Por ejemplo, vemos que la capital de Aquilonia en el original se llama Tamar, y en la edición revisada este nombre es cambiado por Tarantia, para no confundir a los lectores, ya que en “La Hora del Dragón”, Howard denominó Tarantia a la capital, que fue el nombre que finalmente ha quedado reconocido “oficialmente”. Se ve que Howard cambió, conscientemente o no, el nombre de esta ciudad de un relato a otro, y De Camp, percatado de ello y con buen tino, cambió el nombre de Tamar en “La ciudadela escarlata” por el de Tarantia.

Ya en la edición española, vemos que la traducción original de Beatriz Oberländer ha sido revisada por la misma traductora. En esta ocasión cambia Tarantia (nombre que daba a la capital en la traducción original, ya que esta se hizo desde la revisión de De Camp) por Tamar, para darnos la traducción del relato original. El problema surge cuando la traductora se deja un “Tarantia” (ver página 128), con lo que en la misma página de esta edición española nos encontramos con dos denominaciones distintas para la misma ciudad. Y es un fallo de traducción, que lo he comparado con el libro original americano y en este relato siempre se denomina Tamar a la capital de Aquilonia (curioso también que al principio el reino negro de Kush era escrito por Howard como Cush).

Algo parecido ocurre con los patronímicos. Desde la etapa Vértice en que, por ejemplo, “cimmerian” se traducía como “cimmeriano”, ha habido multitud de cambios en las traducciones de los nombres de los distintos pueblos que aparecen en los relatos de Conan: khotianos y khotios, nemedios y nemedianos, zamorios y zamorianos, khitanios, khitanos y khitanianos, hybóreos e hyborios (e hyborianos, incluso)… aunque hace ya unos años, desde los cómics de Conan publicados por Planeta, se produjo una especie de acuerdo sobre las traducciones de los patronímicos. El caso más claro es el de hybóreos, que habíamos podido leer durante muchos años, por hyborios, traducción mucho más lógica para el término “hyborian” (aunque es verdad que el propio Howard usó al principio a veces el término “hyborean”). Así, la Era Hybórea pasaba a ser la Era Hyboria. Pues bien, en la revisión de la traducción se ha tenido en cuenta todo esto, y vemos que los kothianos que aparecen en la primera traducción se han convertido en kothios en ésta. Pero una vez más, ha habido errores, y podemos ver a algún kothiano infiltrado entre tanto kothio.

Y un error dentro de un error: cada relato viene precedido de una pequeña introducción fielmente copiada de las que acompañaban a los relatos en la edición revisada por De Camp. En el libro original americano de esta edición estas introducciones no existen. No comprendo por qué en esta edición española han sido incluidas, ya que si se pretende presentar tal cual los relatos originales de Howard, en el orden en que los escribió y no en orden cronológico en cuanto a la edad de Conan que se estableció más tarde, sobran estas pequeñas introducciones que tratan de dar cierta continuidad a los relatos, más que nada, porque el orden de los relatos cambia totalmente. Y además, y de ahí viene el error dentro del error, las traducciones de estas introducciones no se han revisado. Así, en estos pequeños textos, sigue habiendo hybóreos y khotianos, frente a los hyborios y los kothios de los propios relatos. Y una cosa que no entiendo a título personal: la manía de escribir Hyboria con i latina (Hiboria) y Ophir con f (Ofir), al igual que se castellanizan (horriblemente, a mi parecer) nombres como Pallantides, que pasa a llamarse Palántides, con tilde y todo.

Todo esto se hubiese solucionado con una nueva traducción, que como he dicho antes, es lo que la edición merece. Y es que hay errores en la traducción que se produjeron hace veinte años y que se podrían haber evitado ahora, cuando lo que ha ocurrido es que han vuelto a repetirse. Un ejemplo: en “El dios del cuenco”, cuando el cimmerio encuentra el cadáver de Kallian Publico en su “casa de reliquias” a la vez que un guardián, ambos piensan que el asesino es el otro. Así, el guardián da la alarma tirando de un cordón que hace que suenen unas campanas. El cimmerio, que cree que el guardia es el asesino, dice en el original en inglés “Why did you do that? It will fetch the watchman”, lo que literalmente quiere decir “¿Por qué lo has hecho? Eso atraerá al guardián” (refiriéndose, claro está, a las campanas que dan la alarma). En la traducción de hace veinte años, y me temo que también en la de esta reciente y lujosa edición, se puede leer “¿Por qué lo has hecho? Voy a buscar al guardián”. ¿Parece un error menor? No lo es. No me imagino a Conan yendo a buscar al guardián (y diciéndolo así, alegremente) porque alguien que él considera otro ladrón ha matado al gordo mercader dueño de la casa (con quien además el cimmerio no se llevaba nada bien).

En cualquier caso, con sus enormes aciertos y sus pequeños errores, si tienes que comprarte un libro este año, que sea éste. Yo ya estoy deseando que salga el segundo, os lo aseguro, y es que no hay que olvidar que éste es el primer tomo de una trilogía, y se prevé que salga un libro al año. Por su precio, quizás esta periodicidad es de agradecer, pero cuán larga se va a hacer la espera…

¡Salve Conan!

Francisco Calderón