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Erebus |
| Naturaleza muerta |
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| Escrito por Andrés Díaz |
| Domingo, 28 de Febrero de 2010 11:05 |
Naturaleza Muerta Autores: Douglas Preston y Lincoln Child Editorial Debolsillo Febrero 2006 (4º. edición) Medicine Creek es un pueblo moribundo de la Norteamérica profunda, en el estado de Kansas. Allí sólo quedan los adultos, los viejos y los adolescentes que esperan a la mayoría de edad para marcharse a las ciudades para estudiar o trabajar. Medicine Creek está rodeado por maizales inacabables, el calor es espantoso en verano y el ambiente es tan cerrado que, como se suele decir, la gente sabe lo que va a hacer el vecino antes de que lo haga. Pero en Medicine Creek se producen una serie de asesinatos brutales y espantosos, presentados además de una manera caprichosa, casi artística. El primer cuerpo es el de una mujer sin nariz, orejas ni labios, rodeada de un círculo de flechas indias, y en cada flecha está clavado un cuervo, todo ello en un redondel perfecto del maizal. Los siguientes crímenes no son menos espeluznantes, ni tampoco imaginativos. El pequeño y moribundo pueblo empieza a llenarse de miedo en un ambiente claustrofóbico y agobiante. Hay un asesino suelto por sus calles y sus campos adyacentes. La pregunta que poco a poco se hace el lector es: ¿se trata de un psicópata humano... o de una criatura sobrenatural? Es en este lugar donde hará aparición Pendergast, agente especial del FBI, el héroe de la saga escrita por los autores de best-sellers Douglas Preston y Lincoln Child. Pendergast ya hizo acto de presencia en los tres volúmenes anteriores: El ídolo perdido, El relicario y Los asesinatos de Manhattan, todos ellos una explosiva mezcla de thriller policíaco y novela de terror, que harán las delicias de cualquiera que quiera no sólo entretenerse, sino sentirse absorbido por una novela de intriga y aire macabro. En Naturaleza Muerta hay ciertos cambios con respecto a las anteriores novelas. Para empezar el ambiente, ya que las otras tres se desarrollan en Nueva York, dándonos a conocer terrores ocultos de la gran ciudad. El lector en esos libros camina por sus calles, sus avenidas, se empapa con el tráfico y el bullicio, pues los autores son buenos descriptores, además de narradores. En Naturaleza Muerta el ambiente es rural, muy rural; no hay grandes edificios, rascacielos, tráfico o alcantarillas en las que acechan hordas de seres monstruosos. Pero el terror sigue estando presente en los grandes maizales, en cada esquina del pueblo, en el matadero de pavos municipal, en las carreteras sin fin y en el calor asfixiante. Por otro lado, toma protagonismo el agente Pendergast, sin duda uno de las mejores creaciones detectivescas de los últimos tiempos. En los anteriores libros su papel era el de un secundario que iba tomando fuerza, hasta llegar a ser uno de los protagonistas, pero no "el" protagonista. En este libro Pendergast se convierte en figura central y los demás están casi al nivel de secundarios... ¡aunque vaya secundarios!, perfectamente descritos, desde la vieja cotilla al sheriff con aspecto de bulldog, el jerifalte del pueblo, el joven ayudante de sheriff, el predicador, el periodista fracasado del diario local o la joven rebelde que odia el puñado de vejesterios que le rodea y siempre busca "dar la nota". Aunque estudie casos terroríficos que parecen casi siempre sobrenaturales, Pendergast no es el típico agente del FBI sacado de un capítulo de Expediente-X. Se trata de un auténtico caballero del sur de EEUU, pulcramente vestido con traje negro y corbata, culto y exquisito en su trato con los demás, pero tenaz en sus investigaciones y capaz de volarle la cabeza a un enemigo con el pistolón que oculta bajo su elegante chaqueta. Su forma de actuar, el reservarse la información y su aspecto alto, delgado pero fibroso, hacen recordar mucho a Sherlock Holmes, un símil que los autores explotan, aunque sin torpeza. Descrito así parece un personaje terrible, pero en la narración demuestra verosimilitud y se hace sólido y real, un personaje carismático y atrayente. También recuerda a Holmes al tomar un acompañante, la adolescente rebelde del pueblo, a quien hurta la información como lo haría Holmes con el pobre Watson. Aparecen también arquetipos de anteriores novelas, como el policía rudo pero honrado y eficiente (el sheriff Hazen) o la muchacha decidida y dispuesta a todo, con mucho peso narrativo (Corrie). Si bien todo empieza como una novela de psicópatas, pronto empieza todo a complicarse y el pueblo parece vérselas con un ser monstruoso y sobrenatural, tal vez un espectro. Como todos los de la saga, el libro conserva un aire de terror y macabro que le saca del típico thriller policíaco y casi le mete en el género fantástico. Por lo demás, y aunque no tiene tanta acción como los dos primeros libros de la saga, esta cuarta entrega tiene un ritmo y un pulso con fuerza y rapidez que impide al lector despegar la vista del libro. En el pueblo de Medicine Creek van saliendo los esqueletos de los armarios (como en los pueblecitos aparentemente tranquilos de las novelas policiacas, empezando por Agatha Christie). La acción se dispara, hasta un final resuelto con brillantez. El tiempo pasa volando y cuando uno termina el libro dice: "¿Ya?". Por ello los libros de Preston y Child son best-sellers mundiales, porque les dan al público una cosa por encima de todos los demás: diversión. Lo cual no es algo baladí. Andrés Díaz |



