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Erebus |
| Reyes malditos VII: De cómo un rey perdió Francia |
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| Escrito por Andrés Díaz |
| Domingo, 24 de Enero de 2010 21:24 |
Título: Los Reyes Malditos VII: De cómo un rey perdió Francia Autor: Maurice Druon Editorial: Editorial Zeta, colección Debolsillo En esta web ya se reseñó y comentó El rey de hierro, primer volumen de la saga de siete episodios Los Reyes Malditos, escrita por Maurice Druon. Justo es por tanto que si se habló del comienzo, se hable también del final, del broche final de esta joya de la literatura histórica. Como ya se dijo en la reseña de El Rey de Hierro, la saga de Los Reyes Malditos abarca una determinada época de la Edad Media Francesa, en concreto la correspondiente a la dinastía de los Capetos. La saga dio comienzo con la encarcelación y ejecución de Jacques de Molay (1314) durante el reinado de Felipe IV El Hermoso, y termina en el séptimo volumen con la batalla de Poitiers (1356), durante el reinado de Juan II. El nombre de la serie se debe a la maldición que, según las crónicas, Jacques de Molay lanzó contra el rey francés y sus descendientes. Sean estas últimas palabras del Maestre Mayor ciertas o no, parece que la maldición dio resultado. En el breve transcurso de 42 años Francia pasó de ser el Estado más poderoso de Occidente, con una economía saneada, una fuerza bélica envidiable y una estabilidad territorial e institucional más que evidentes, en un país arruinado, asolado por la peste, destrozado por las intrigas internas palaciegas y, para colmo de males, invadido y medio conquistado por el vecino inglés durante la llamada “Guerra de los Cien Años”. Este periodo “maldito” para los reyes franceses es el que narra Maurice Druon en su saga de siete episodios. En ellos contemplaremos cómo los reyes se suceden con rapidez asombrosa, fallecidos de muerte inesperada o bien asesinados —incluso cuando se trata de recién nacidos- por sus enemigos. Una sangría de reyes que provoca la lógica inestabilidad institucional, la ruina económica y por fin la invasión del inglés. Por otro lado, pocos de entre estos reyes son competentes y la mayoría (como Juan II, protagonista del último volumen) son retratados por Druon de manera inmisericorde como ejemplos de la incompetencia y la estupidez. En propias palabras del autor: “…su estupidez inspiraría la lástima que siempre inspiran los idiotas, si no fuera por el hecho de que en sus manos tenía más de veinte millones de vidas…”. De cómo un rey perdió Francia no puede tener un título más clarificador, pues pone el colofón a esa maldición literaria de De Molay, que culmina en Juan II, derrotado vergonzosamente en la batalla de Poitiers por su rival Eduardo III de Inglaterra, El Príncipe Negro , en una batalla donde los franceses parecían tener todas las de ganar, aunque perdida por la incompetencia de sus mandos y la mentalidad rígida de la caballería, incapaz de adaptarse a las nuevas épocas de la guerra, como se demostró ya en la batalla de Crecy. El libro cambia respecto a los anteriores al estar escrito en primera persona por el cardenal de Périgord, legado del Papa que busca mediar entre ambos bandos y conseguir una paz entre Inglaterra y Francia por todos los medios. Un esfuerzo baldío. Por lo demás, el volumen es igual al resto en cuanto a la excelencia en la documentación (sorprendentemente exhaustiva incluso dentro del campo de la novela histórica), el magnífico estilo literario, entre el realismo y una fina ironía que raya en un sentido del humor socarrón, contrapunto a los hechos luctuosos que se narran, y un ritmo que engancha al lector de principio a fin, le guste o no la novela histórica. Druon es experto en la psicología de los personajes, a todos los trata de manera verosímil y son cercanos y creíbles para el lector, desde los reyes a los mendigos, pasando por nobles, mariscales, eclesiásticos de todos los niveles, soldados, banqueros y prestamistas, reinas, princesas, damas, cortesanas y prostitutas… un rico abanico de tipos humanos con sus diferentes mundos emocionales e intelectuales, que el autor disecciona con maestría. Aunque no es una saga épica no se hace aburrida, pues el ramo de intrigas palaciegas, cortesanas y religiosas es casi inagotable, interesante y a menudo fascinante. Todo esto hace muy recomendable la lectura de esta saga, una de las grandes de la novela histórica medieval. Guste o no el género, merece la pena leerla. Andrés Díaz |



